Al final de mi vida quiero verme “retirado” tranquilamente en un pueblito agusto, tal vez en la playa. Trabajando solo por gusto, ya no por necesidad. Compartiendo esos últimos años con una mujer maravillosa, mi compañera de viaje a lo largo de tantos años, y teniendo una excelente relación con mis hijos.
Voy a ser el “abuelo buena onda”, siempre les voy a contar cuentos e historias padres a mis nietos, y llevarme muy bien con mis nueras. Quiero entonces seguir siendo buen amigo de mi hermano, y recordar a mis padres como las grandes personas que son, sabiendo que siguen ahí para mí, que los he hecho orgullosos, y que nunca me quedé con ganas de decirles que los quería o de darles un abrazo.
Con mis amigos seguiré compartiendo grandes charlas de café en las cuales vamos a dejar claro todo lo necesario para salvar al mundo, la verdad de la vida y todo lo que viene después. Muy probablemente contando viejas historias de grandes viajes y grandes logros, de esas historias que todos ya han escuchado varias veces, pero siempre son nuevas cuando se vuelven a contar.
Quiero morir tranquilo y feliz, sin pendientes, lleno de amor y rodeado de él... quedarme dormido derrepente viendo un atardecer, simplemente no despertar y quedarme en ese sueño eterno viviendo una nueva aventura. Al irme, los que se queden, quiero que me despidan con una sonrisa, y me recuerden siempre con esa sensación que deja un buen abrazo y el sonido de mis carcajadas.
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